16 octubre 2014

REFLEXIÓN SOBRE LOS CINCO PRINCIPIOS DE REIKI

Hablar sobre los cinco principios del Reiki es hablar de un camino a la felicidad.
He repetido hasta la saciedad los cinco principios, he hablado de ellos en los cursos, deteniéndome a reflexionar sobre qué significa cada uno de ellos en muchas ocasiones, y ha sido tras un cuestionamiento sobre los mismo, durante un curso de Reiki, cuando he descubierto que la práctica de estos principios te lleva, inevitablemente, hasta la felicidad.


Porque, qué ocurre cuando dejas de preocuparte y de enfadarte, cuando aprendes a respetar que cada persona es única y debe seguir su camino aunque a ti no te guste, cuando disfrutas con lo que haces y sabes apreciar lo que tienes... es practicar la felicidad en cada uno de los momentos que tiene tu vida.

Párate un momento a pensar por qué te preocupas.
Primero, ¿qué es la preocupación? Ocuparte de algo antes que ocurra. Es cierto que en algunos momentos necesitamos ocuparnos con antelación, pero normalmente nos preocupamos por cosas que en su gran mayoría no se cumplen nunca. Y esto quiere decir que estamos sufriendo (sí, la preocupación implica sufrimiento la mayoría de las veces) por algo que no sucederá. La preocupación sólo es un ejercicio mental, guiado por nuestro ego que está encantado de que vivas en el futuro para no ocuparte de disfrutar del presente.
Segundo, te han enseñado que preocuparte es bueno. Has sido un buen aprendiz y lo practicas cada día haciendo de tu vida una constante preocupación. Pero quizás lo que nuestros ancestros quisieron enseñarnos es a ocuparnos. Ocúpate de lo que tienes que hacer en cada momento, da lo mejor de ti en ese momento, para que cuando termines la ocupación esté terminada o ya no puedas hacer nada más, dependiendo de otros la finalización de la misma.
Tercero. ¿qué te preocupa? Esto es algo que sólo tú puedes contestar. En qué asuntos se pierde tu mente creando preocupaciones: hijos, dinero, trabajo,... Recuerda que sólo es un ejercicio mental.

He escuchado muchas veces que debemos desaprender para poder aprender algo nuevo. Nuestras actitudes están guiadas desde el subconsciente, aprendidas desde recién nacidos, inculcadas por nuestro entorno. Puedes aprender a no preocuparte, a vivir en el presente ocupándote de lo que la vida te trae: trabajo, diversión, belleza, tristeza,... todo lo que hay aquí y ahora. Aprender es nuestro trabajo. Transmitirlo a los demás debería ser una voluntaria y alegre obligación.

Imagínate tu vida, por un momento, sin preocupaciones... ¡es posible!





¿Y el enfado? ¿Qué es el enfado?

El enfado es un modo de demostrar que no me gusta lo que ocurre.
Y no me gusta lo que ocurre porque tengo una expectativa creada de cómo deben ser las cosas... todas y cada una de las cosas que deben suceder a lo largo de mi vida, en cada uno de los momentos... ¡Uf!
Dicho así parece exagerado, pero ¿lo es?
Cada uno de nosotros tenemos claro cómo es la vida, qué queremos que suceda y como y cuando debe suceder. Cuando no es así, surge el enfado, la decepción.
¿Aún no lo ves? Reflexiona por los verdaderos motivos que producen tus enfados.

Tú no puedes tener organizada toda tu vida porque la vida es inesperada, irreflexiva, autónoma, y crea situaciones con las que no contabas.
Interactúas con otras personas que tienen visiones distintas del mundo y ayudan a crear esas situaciones que te sorprenden.
Deja que la vida fluya, que lleguen cosas y personas sorprendentes a tu vida, acéptalas y déjalas ir. Disfruta con lo que la vida te trae. No pasa nada porque la vida no sea como tú piensas que debe ser.

Puedes aprender a no enfadarte.
Cuando inicias este camino habrá un tiempo en que continúes enfadándote y debes aprender a trabajar esa energía que se crea en tu interior, ese volcán que amenaza con estallar; deja que este enfado salga al exterior canalizándolo sin enfocar a otra persona: haciendo ejercicio, meditando, gritando, etc. Hazlo como quieras pero siempre respetando a los demás: no les hagas víctima de tu enfado.
La manera que yo utilizo para no enfadarme es ser consciente de cada uno de los momentos de mi vida y en cuanto siento que se está gestando un enfado, me detengo, examino qué está ocurriendo y busco soluciones. Decido no enfadarme y seguir disfrutando del día.
Me dijeron que eso estaba reservado para maestros muy avanzados (¡gracias!) y yo me encuentro en la obligación de replicar que cualquiera que estéis leyendo estas palabras sois capaces de llevarlo a cabo. Si yo puedo hacerlo, si otras personas pueden hacerlo, ¡tú puedes hacerlo!

Es algo que debemos desaprender y aprender de nuevo.
El enfado no es bueno para ti porque sufres y el sufrimiento, aunque a veces sea necesario para aprender, es algo que debemos erradicar de nuestras vidas si queremos ser felices.

Aún así, si decides enfadarte, vive tu enfado, disfrútalo, déjate llenar por él... pero siempre sin hacer pagar a los demás.


Llegamos al tercer principio de Reiki: respeta a todo ser vivo... pero esta frase implica mucho más que respetar la vida.

Respetar es reconocer, aceptar,...

Cada uno de los seres vivos que estamos en este planeta tenemos un camino por cumplir y debería ser nuestra obligación ayudar a los demás a llevar a cabo su misión.

Cuando hablamos del Ser Humano, tenemos que aprender que hemos venido con un objetivo a este mundo. ¿Qué objetivo? Estoy convencido de que cada uno de nosotros tenemos uno distinto y que todos se distinguen con las palabras experimentar y aprender.
He venido a experimentar aquello que necesito para seguir evolucionando: amar, sufrir, matar o ser muerto, hablar, escuchar,... así hasta la infinidad. Cada uno necesitamos algo distinto que nos nutra.
Cuando eres capaz de aceptar que venimos a experimentar, aprender, evolucionar,... eres capaz de entender y aceptar el tercer principio que Mikao Usui nos regaló: respeta a todo ser vivo... cada uno tiene su misión, aunque no seas capaz de entenderla, sencillamente acepta que esa persona debe experimentar aquello a lo que ha venido.

Cuando eres capaz de entender este tercer principio tu vida deberá dar un giro. Aprenderás a mirar a las personas a sus almas, sabiendo que hacen lo que hacen porque deben vivir así. Aprenderás a reconocer al otro.
En algunas tribus africanas y en la película Avatar, se saludan diciendo “te veo”, y esta frase significa un reconocimiento del Ser.
Entiendes que tú debes seguir tu camino, facilitando el de los demás cuando sea posible y lo requieran, pero respetando que cada uno debe seguir el suyo.

La vida no vuelve a ser igual cuando aprendes a respetar a todo ser vivo.












Realiza tu trabajo honestamente.

¡Disfruta con lo que haces! Y tú trabajo será perfecto, honesto.

No entiendas la palabra “trabajo” como aquello que haces para ganarte la vida. Trabajo es todo lo que hacemos a lo largo del día.

Disfruta con todo lo que haces.

Hemos aprendido que trabajar es necesario para vivir y lo soportamos como una carga necesaria, pero podemos trabajar en aquello que nos gusta o lograr que nos guste aquello que hacemos.

Vivir implica hacer muchas cosas a lo largo del día y podemos implicarnos en nuestra propia vida intentando siempre dar lo mejor de nosotros mismo en cada uno de los actos que llevamos a cabo.

Si disfrutas con lo que haces tienes andado un buen trozo del camino de la felicidad.

Tú puedes decidir si quieres disfrutar con cada cosa que hagas. ¡Qué no te engañen!
¡No te engañes!

Aprende a disfrutar con lo que haces, con la gente que te rodea cuando lo haces.




Y cuando eres capaz de detenerte para ser consciente de lo que tienes en tu vida no puedes más que agradecer.

Agradeces el estar vivo, el tener una vivienda, comida en el frigorífico, salud, seres que te quieren y a los que quieres...

Agradecer la oportunidad de estar aquí y ahora para seguir evolucionando, rodeado de la gente que puede ayudarte.
Agradecer la belleza que te rodea, las sonrisas y los gestos ceñudos...
Agradecer que otros puedan ayudarte en tu camino y que tú puedas ayudar a otros.
Agradecer el rayo de sol que te calienta en pleno invierno.
Hay millones de razones para levantar la cabeza al cielo y decir: ¡gracias!

Vive. Deja que las cosas y las personas fluyan, que lleguen a ti, que se vayan, disfrútalas mientras las tengas. Da las gracias por haber tenido la oportunidad de disfrutarlas.

Es precioso ser agradecido porque aprendes a valorar lo que tienes, y haciendo consciente esa valoración se incrementa el grado de satisfacción con la vida que tienes.
¡Deja a un lado la queja y comienza a agradecer!






Siempre habrá alguien que te diga que preocuparse es bueno
Siempre habrá alguien que te diga que enfadarse es bueno.
Siempre habrá alguien que te diga que hay personas que no merecen respeto.
Siempre habrá alguien que te diga que el trabajo es sólo eso: trabajo.
Siempre habrá alguien que te diga que hay muchos que no tienen nada y que no hay nada que agradecer.

Siempre encontraremos personas que no estén de acuerdo con nosotros ¡y eso es bueno! Porque cada persona debe vivir su propia experiencia.

¡TÚ VIVE LA TUYA!

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