11 abril 2015

REFLEXIÓN: no tiene miedo a morir aquél que ha vivido

Recientemente, en un viaje de Castellón a Oliva (Valencia) me ocurrió algo que me impresionó.
Me molestaba el cinturón de seguridad a la altura de la mama izquierda. Toqué esa zona y era doloroso, pero me sorprendió más el bulto que noté.
Le pregunté a mi mujer, que me acompañaba:
-        ¿Qué puede ser?
-        Seguramente un bulto de grasa.
-        ¿Pueden tener los hombres cáncer de mama?
-        Sí. Claro.
Imagino que a todos os ha ocurrido algo similar: mi mente se disparó y empecé a imaginar lo peor.
Mi mente me decía que si era un cáncer, debía ser algo que había gestado hace tiempo y que había emergido de repente, debido al tamaño, y entonces apenas me quedaba margen de maniobra para poder solucionarlo. Conclusión: me quedaban días de vida.
Primera reacción mental: miedo a la muerte.
Y de repente, desde mi interior, una sensación de tranquilidad, una ola de amor… ¡no me importaba morir! ¿Por qué? Sencillamente porque había vivido, porque había disfrutado de mi vida, porque me considero realizado, porque creo que he conseguido realizar aquello a lo que venía,… ¡Increíble!
Me puse a imaginar qué haría en los días que me quedaban de vida y me di cuenta que lo único distinto a lo habitual era que quería decirle a muchas personas que las quiero (me emocionaba el imaginarme diciéndole a algunas de ellas esa frase sin explicarles el motivo porque lo hacía).
Aprovecho para deciros a todos que os amo, que os he intentado dar lo mejor de mi en cada momento, y que he cometido errores haciéndolo, por lo que también pido disculpas.

Al final, cuando llegué a casa y me miré al espejo, era un hematoma de un golpe que me había dado y no recordaba; pero la experiencia de creer que podía morir y las sensaciones que surgieron en mi interior son preciosas: ¡NO TIENE MIEDO A MORIR AQUÉL QUE HA VIVIDO!

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